lunes, 17 de octubre de 2016

¿BISONTES EN EXTREMADURA?

NOTA. Esta entrada ha sido modificada el 26/10/2016 debido a la aparición de nueva información que añade datos relevantes y que puede cambiar en parte el debate surgido ante este polémico tema. En concreto, un estudio genético sobre el origen del bisonte europeo y la noticia de la muerte por inanición de un rebaño cautivo de bisontes en Valencia. 

La prensa del 16/10/2016 publicaba una noticia poco rigurosa sobre el nacimiento de un bisonte europeo (Bison bonasus) en Extremadura. El titular repetido en todos los medios recalcaba que era el primer nacimiento de esta especie en la región en 10.000 años. Es cierto que en la finca de El Campillito (Malpartida de Plasencia, Cáceres) ha nacido un bisonte europeo, en una pequeña manada en regimen de cautividad traída en 2015 desde Polonia. Se trata de otro núcleo más de bisontes en España dentro de la moda para "resilvestrar" Europa (rewilding), aunque más bien son atracciones turísticas, en este caso con una especie amenazada a escala mundial, justificada con una pretendida adaptación a las dehesas extremeñas y ensalzando su papel como método de prevención de incendios forestales.

La realidad es que no se ha demostrado que el bisonte europeo haya habitado de modo natural Extremadura, donde nunca se han encontrado fósiles ni pinturas rupestres, siendo su máxima distribución conocida el este de Francia. En España, donde tampoco se conocen fósiles, tan sólo hay una cita muy dudosa, sin fuente conocida, de un bisonte cazado en Navarra en el siglo XII, repetida multitud de veces y sin credibilidad alguna. Así, Diego J. Ávarez Lao, Profesor de Paleontología de la Universidad de Oviedo, afirma que "hasta la fecha, no existe ninguna evidencia de que el bisonte europeo haya habitado en la Península Ibérica. Las supuestas citas históricas en España son muy dudosas, difícilmente verificables y carecen de valor ante la inexistencia de registro fósil de esta especie. La suelta de bisontes europeos no constituye una reintroducción, sino la introducción de una especie exótica que nunca habitó la Península Ibérica".

Los célebres bisontes de Altamira (14.000 años de antigüedad) y otras pinturas rupestres se han considerado tradicionalmente como pertenecientes a otra especie, el bisón estepario (Bison priscus), de mayor tamaño y gran cornamenta, que ocupó las estepas frías que se extendían por parte de Europa durante las etapas glaciares. Este bisonte de estepa ocupó hasta hace unos 10.000 años el norte ibérico. En Extremadura hay restos fósiles de bisón estepario en algunos yacimientos, como la cueva de Maltravieso (Cáceres), datados entre 350.000 y 120.000 años. No está clara la relación entre ambos bisontes, estepario y europeo actual. El primero es posible que proceda de Norteamérica. En cuanto al europeo, es un enigma. Tradicionalmente se pensaba que tenía su origen en alguna especie de bisonte de bosque del Pleistoceno europeo, pero un estudio reciente (Soubrier et al. 2016; publicado al día de siguiente de escribir esta entrada¡¡) basado en genética y pinturas rupestres indica que el bisonte europeo es el resultado de la hibridación entre el bisonte estepario y el uro (Bos primigenius), antepasado del ganado bovino, que aporta hasta el 10% de los genes. También indican que las pinturas rupestres más antiguas (más de 18.000-21.000 años) se corresponden con morfologías propias de bisonte estepario y las menos antiguas con bisonte europeo (en realidad con un tipo intermedio que llaman Clado X). En ese caso, los de Altamira serían bisontes europeos. Es de suponer que nuevas investigaciones arrojen más luz y permitan confirmar o no estos resultados. De momento son varias las voces que dudan de ellos, pues la formación de una especie a partir de la hibridación entre otras dos especies de géneros diferentes sería algo excepcional y, por otra parte, la interpretación de las pinturas rupestres no deja de ser ejercicio un tanto subjetivo ajeno al método científico.


La historia más reciente del bisonte europeo es otro drama, como el de otros grandes mamíferos europeos, que finaliza con su extinción total en la naturaleza. En Europa occidental solo quedaban unas pocas cabezas en el siglo XIV en las Ardenas (Francia), en Transilvania desapareció en 1790, en Rusia, Lituania y Polonia sobrevivió hasta la primera guerra mundial, el último bisonte polaco murió en 1919 y el último ejemplar en libertad pereció en el Cáucaso en 1927. Siempre a manos de cazadores. Tan sólo quedaron unos 50 bisontes europeos en zoológicos de todo el mundo. En los años 1950 se reintrodujeron 12 ejemplares en Bialowieza (Polonia) de los que descienden todos los presentes en Polonia, Bielorrusia, Rusia, Rumanía, Ucrania, Moldavia, Lituania y Kirguistán, muchos de ellos en estado salvaje. En 2015 se estimaba una población total de 4.800 bisontes europeos en todo el mundo, unos 2.000 de ellos en regimén de libertad.

España no ha sido ajena y en 2010 se introdujeron los primeros siete ejemplares en Palencia, siguiendo otras iniciativas en Asturias, Burgos, León, Valencia y Cáceres. No siempre exentas de polémica. Así a mediados de septiembre de 2016 aparecieron muertos cuatro bisontes en Valencia, incluyendo dos machos con las cabezas cortadas. Fue denunciado por los propietarios como si fuera un ataque con veneno para tomar las cabezas como trofeo. Pero datos posteriores parecen demostrar que los animales murieron de hambre y los propietarios cortaron las cabezas para intentar ocultarlo. Asimismo, en diciembre de 2013 murieron, tal vez envenenados, la totalidad de ejemplares, seis, de uno de los dos proyectos asturianos. En Asturias hubo expertos que se opusieron a esta introducción sin justificación ambiental. Y en Navarra, la asociación Gurelur ha manifestado que denunciará un posible proyecto (subvencionado) por considerlo ilegal al tratarse de una especie exótica.

Referencia bibliográfica:
Soubrier, J. et al. 2016. Early cave art and ancient DNA record the origin of European bison. Nature Communications 13158.

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